enero 18, 2009

DIA 81. SIENDO UN CRONOPIO




Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.


Cortázar, Julio; Historias de cronopios y de famas, Buenos Aires, Sudamericana, 1994



Así hay días, es que es encantador ser un cronopio, dejar a un lado el orden y las leyes y preocuparnos por las cosas más pequeñas y que muchas veces son las más importantes.


Así hay días, y así han sido mis días últimamente...


Volví a leer ese maravilloso libro de Cortazar y me volví a enamorar de los cronopios, y aunque mañana es lunes y son las 3.00 am y sigo despierta, mañana conducire enmedio del trafico y pensare en la hermosa vida, la hermosisima vida...


Buena semana a todos, tengo tantas cosas increíbles que contarles...


La hora, el sueño y el frío me impiden concentrarme... mañana con calma, los busco...mientras los dejo con la más perfecta y encantadora descripción de un cronopio.


No hagan desorden, el último por favor, cierre la puerta...


Saludos,


Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías.


Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que.


Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.


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