marzo 18, 2010

DIA 93. SOBRE MIS PASOS

La vida hoy me resulta tan canalla y vil, desde primera hora del día, el infierno inicio, el despertar no fue bueno, la alarma del celular como todos los días que suena sin parar y simula ser un tren apresurándose a llegar a destruirme los tímpanos, pronto me coloco en una posición de hostilidad hacia el mundo, a manotazos pude localizarlo y apagarlo, veinte minutos después poco entusiasta me incorpore al mundo tratando a pasos cortos de llegar a la ducha.

En mi andar encontré una colilla de cigarro, ya vieja detrás del televisor, el cual, seguramente con horas de trabajo forzado, reflejaba una hilera de barras multicolores sin sentido, desconecte la TV y prendí los restos de mi cigarro, el sol ahogado en sus culpas apenas si asomaba la cara.

En el patio que comunica a la cocina, decenas de cadaveres de envases de cervezas yacen vacías y viejas y al fondo un maloliente gato gris no dejaba de maullar exigiéndome un poco de comida.

Abrí el refrigerador buscando un poco cerveza y algo de carne para el gato, sólo encontré una cerveza, le compartir un poco, sin embargo parece ser un poco más exigente en sus gustos etílicos y desprecio por completo mi ofrecimiento.

Por fin entre al wc y me comencé a retirar la ropa que traía encima, y mientras lo hacía, un nudo de recuerdos y malos ratos me invadió intempestivamente en la garganta, de golpe mil abejorros de stress y melancolías agotadas llenaron en segundos mi alma y así sin más, sin previo aviso me solté en llanto.

Las energías me tumbaron al fondo de la ducha, ahí a medio vestir, en el piso helado, con los ojos húmedos y el alma totalmente seca, permanecí por más de diez minutos, con una gama interminable de imágenes de buenos momentos, malos ratos, batallas perdidas, guerras ganadas, sueños inconclusos, tantas cosas, tanto camino, tanto andar y darme cuenta que sigo andando en círculos.

Me reincorpore a fuerza de voluntad y comencé a bañarme, mientras lo hacía, en mi rostro, mis lágrimas buscaban mimetizarse con el agua y así una a una se fueron escapando, de pronto escuche un ruido y recordé que era la hora en que ella se levantaba, así que trate de no hacer ruido y al mirarme al espejo note mis ojos visiblemente afectados.

Trate con lo que pude de ocultar los estragos de las lagrimas, camine hacia la habitación y ya no estaba, se había ido, hace ya 3 meses, había empacado sus maletas y me había abandonado, parecía que nunca lo hubiera hecho, la mitad de la cama, aún conserva su olor, y sus fotografías siguen arriba del librero, esos viejos tenis se siguen asomando por debajo de la cama y todos los días como ritual pagano, sigo llorando su partida y tratando inutilmente de convencerme que la felicidad fue un oasis en el desierto, lejano, inalcanzable y al final cuando ya esta en nuestras manos siempre resulta ser un absurdo espejismo.

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