En días pasados me encontre en facebook una estrofa del capítulo 93 de Rayuela, lo he buscado por todos lados en mi casa, negocio y oficina y no aparece, creo que no quiere ser re-leído, esto me obliga, a buscar una edición nueva en alguna líbreria cercana, porque necesito volver a leerlo.
Por el momento después de 4 días de busqueda, opte por releer el capítulo 93 vía internet, (no es lo mío, soy de esas antiguas que necesita cruzar la pierna y colocarse el libro al frente), se los comparto porque se que les gusta tanto como a mi....
Lo dedico a mis demonios eternos....
Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio,
temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos
los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de
todos los olvidos o los recuerdos.
Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por
los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero
porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y
no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí,
no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta
que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas
dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu
amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado,
jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.
Claro que te curarás, porque vivís en la salud,
después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste
oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor
llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz
desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso
duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una
flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se
hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo
no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los
dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero,
fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.
(….)
1 comentario:
Cerca o lejos… nunca hubo mejor sensación que conocer tu existencia…
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